Haz una boroña o un pan de harina de maíz

Cenando en casa de mis padres hace unos días nos contaban cómo era la infancia en los pueblos, en casas donde no había agua corriente ni luz ni calefacción, donde se trabajaba duro de sol a sol en la huerta y con los animales y se vivía sin absolutamente ningún lujo, pasando con lo justo y a veces ni siquiera eso.  
También nos contaban que la vida en la casa se organizaba en torno al llar / hogar, el fuego que estaba en el suelo de la cocina donde se preparaba la comida y alrededor del cual se reunían los habitantes de la casa y los vecinos para rezar el rosario o hacer el filandón.

Y se acordaban de los tortos y de les fariñes, y de la boroña o borona, el pan hecho con harina de maíz que alimentó a tantas generaciones de asturianos antes de que llegase la de trigo.
Como hablaban de ella con tanta nostalgia y el esposo declaró que a él también le gustaba, decidí hacer una boroña en honor a los viejos tiempos.

Yo la hice siguiendo la receta tradicional con harina de maíz, sal y un poco de agua, aunque le añadí harina de trigo para trabajar mejor la masa. Tampoco lleva levadura ni aceite, aunque supongo que si hacéis una con esos ingredientes no habrá problema.
La harina de maíz se distingue de la de trigo por su característico color amarillo. En aquellos tiempos no tenían harina de trigo, pero mi madre me recomendó añadir un poco para que me fuese más fácil ligar / unir la masa. 
En un recipiente eché aproximadamente un kilo de harina de maíz, un par de puñados de harina de trigo, un buen pellizco de sal y medio vaso de agua. Es lo que tiene cocinar con mi madre, que lo mide todo a ojo. Y eso que tiene un peso que sólo le falta hablar.
Los ingredientes se amasan igual que si fuese cualquier pan u otra masa. No queda tan compacto y unido como cuando se trabaja con harina de trigo, y al tacto es ligeramente más áspero:
Como no lleva levadura no es necesario dejarlo deldar / levar, así que se le da forma y se mete al horno. Antiguamente envolvían la boroña en hojas de berza y la dejaban en el llar toda la noche, cubierta con las cenizas que había dejado el fuego. Y por la mañana sólo tenían que desenvolverla para degustar el manjar, porque con un vaso de leche es en lo que se convierte:
Al no tener un llar a mano me las arreglé con el horno. La tuve durante más de una hora a temperatura muy suave para que fuese haciéndose poco a poco. Para saber cuándo estaba lista iba pinchándola con el palo de una brocheta hasta que salió limpio. Hay que tener cuidado con esto, porque si te pasas de tiempo se pone dura como una piedra (literalmente):
Tiene un sabor diferente al pan tradicional, más fuerte, más seco y contundente, pero está deliciosa. Y si la preñas / rellenas con embutidos ni te cuento, ahí sí que entras en el paraíso por la puerta grande.
A mi padre y al esposo les gustó tanto que tuve que prometerles que la próxima vez les haré tortos o fariñes o las dos cosas, pero que sea tan rico como esto.

¡Pasad un feliz martes!










5 comentarios:

  1. Joooo... fariñes!! Desde la ultima vez que las hizo mi bisabuela, que no las volvi a comer... Aunque pensandolo, igual las pruebo hoy y no me gustan como me gustaban de aquella.

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    1. Cuando las haga te invito y así compruebas cuáles te gustan más. Yo nunca las he probado, pero con lo que me cuenta mi padre y ahora tú, me han entrado las ganas.
      ¡Gracias por pasarte y por comentar!

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  2. Respuestas
    1. Realmente está tan rica como parece :-D Permanezcan atentos a sus pantallas porque en breve volverá la harina de maíz en forma de tortos y de fariñes

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